REFLEXIÓN: EL DESAFÍO DE EDUCAR EN VIRTUDES

Publicado: Lunes, 15 Junio 2015

Uno de los permanentes desafíos de todo centro de formación es la educación en las virtudes. Ello es un trabajo lento y sacrificado en el que no hay que claudicar puesto que las virtudes traen consigo la felicidad del hombre. Aristóteles señalaba que “si los actos virtuosos deciden soberanamente de la vida del hombre... jamás el hombre de bien, que sólo reclama la felicidad de la virtud, puede hacerse miserable, puesto que nunca cometerá acciones reprensibles y malas”[1].

 

Bajo esta perspectiva, nos atrevemos a sugerir algunos caminos que llevan a educar concretamente en valores. Estos son:

 

-       Todos los que son formadores de personas, en primer lugar, deben vivir las virtudes. Difícilmente se logrará entusiasmar a los jóvenes si quienes tienen la responsabilidad de educarlos no han llegado al convencimiento real de la importancia que tiene la práctica de las virtudes y si ellos mismos no actúan conforme al bien. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras, el ejemplo atrae y cautiva, hace más creíble y convincente la entrega de contenido; mientras que el doble estándar desilusiona y destruye todo lo que se pudo sembrar con esfuerzo.

 

-       Ser testigos de la verdad. Actualmente algunos reducen la verdad al ámbito meramente privado, argumentando que cada persona tiene su propia verdad y que, por lo tanto, se debe aceptar sin cuestionamientos. Sin embargo, se ha de motivar a que las personas busquen y disciernan la verdad, y no simplemente conformarse con lo que se piensa en un momento determinado. Recordemos que la conciencia del hombre no es infalible, sino que se puede equivocar y cometer grandes errores. De manera que será tarea fundamental entregar los criterios que permitan distinguir lo verdadero de lo falso, lo auténtico de lo ideológico. La verdad hace auténticamente libre (Cfr. Juan 8, 32).

 

-       Encontrar el equilibrio adecuado entre la libertad y disciplina. No basta imponer u ordenar la práctica de las virtudes, sino que se debe tener presente que el otro tiene su libertad, criterio y forma de pensar. Sin duda que si no hay reglas de comportamiento y de vida que ordenen el día a día, difícilmente se formará el carácter o se logrará que una persona afronte las pruebas del futuro. Pero a quien se debe formar no puede ser tratado como un analfabeto ético, sino que en su calidad de persona se ha de considerar el sustrato moral que trae, conocerlo y desde ahí poner las bases para ayudarlo a convertirse en alguien virtuoso.

 

-       Atreverse a corregir. Hoy, bajo el pretexto de la tolerancia, de una mala entendida libertad y el miedo, no siempre se corrige de manera clara y formativa. Sin duda, a nadie le gusta ser corregido ya que esto significa encontrarse con las debilidades y errores personales. Como dice la Sagrada Escritura toda corrección, en el momento en que se recibe, es más un motivo de pena que de alegría; pero con el tiempo, si nos dejamos instruir, traerá frutos de paz y de santidad (Hebreos 12, 11). Desde esta perspectiva, el formador no puede hacerse cómplice de las faltas de otros, ni menos aún fingir que no las ve. Esto lo llevaría a vulnerar y vaciar de contenido las virtudes.  Por lo tanto, la corrección a de ser considerada como una norma esencial para librar de los vicios y fomentar los valores. Corrección que, cuando es motivada por el amor y el bien de los demás, siempre va a producir grandes frutos.

 

-       Formación de la conciencia moral. La conciencia se asocia normalmente al conocimiento que se tiene de algo, esto es lo que se llama la conciencia sicológica. En cambio la conciencia moral es el dictamen o juicio que hace el entendimiento acerca de la moralidad del acto que se va a realizar o que ya se ha realizado según los principios morales. La conciencia es la que permite evaluar, analizar y distinguir si una cosa está encaminada o no hacia su fin. Antes de un acto, la conciencia juzga lo que se va hacer, por lo que permite o prohíbe tal cosa; y después de un acto, la conciencia es la que aprueba o reprueba lo realizado, la que hace sentir satisfacción o remordimiento. Pero como se decía la conciencia no es algo infalible, se puede equivocar. Pero ¿cómo se forma la conciencia?. Ordenándola conforma a la ley natural, a los valores, principios, etc.

 

 

Con otros y estos aspectos sugeridos, la tarea de educar en la virtud se presenta como un gran desafío. Sin embargo es un desafío que bien vale el esfuerzo por realizar puesto que ello no solo hace más buena y aceptable a una persona, sino que le permite alcanzar su realización humana y la felicidad. “No hay nada en las cosas humanas que sea constante y seguro hasta el punto que lo son los actos y la práctica de la virtud”[2].

 

Texto escrito por el Capellán de la Escuela Militar, Mayor Claudio Verdugo Cavieres.

 


[1]ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco, libro I, cap. X

[2]ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco, libro I, cap. X

 

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