REFLEXIÓN: LA VIRTUD, DESAFÍO PARA TODOS

Publicado: Martes, 02 Junio 2015

 

Muchas personas consideran que las virtudes son el patrimonio de unos pocos o la exigencia de aquellos que tienen un mayor protagonismo en la sociedad. Sin embargo, todos los hombres, sin excepción, pueden adquirir y crecer en la virtud. Esto porque la virtud es un hábito que se consigue por la repetición de actos virtuosos. “Las virtudes morales son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe”[1]. Por lo tanto, toda persona puede acceder a las virtudes, ya que ellas se adquieren mediante la dedicación de cada día y las fuerzas humanas. Por ejemplo si se quiere superar la costumbre de mentir, incluso aquellas que se califican como “piadosas”, se logrará en la medida en que la persona se lo proponga interiormente y asuma vivir en la verdad. En definitiva la virtud crece cuando una persona es concreta y actúa conforme al bien, ya que solo el obrar positivo perfecciona su vida; por el contrario, el obrar negativo la conducirá al demérito y decadencia moral.

 

Así entonces, somos el resultado de lo que hemos escogido libremente. Por lo tanto, es fundamental que para adquirir las virtudes la persona se decida por integrarlas a la vida. Aunque las clases e instrucción sobre los valores hayan sido buenas, aunque todos hablen constantemente de la conveniencia de ser virtuoso, si la persona en conciencia no está dispuesta asumir ese estilo de vida, difícilmente llegará a adquirir la virtud. Podrá aparentar que es virtuosa, pero realmente no lo será. Situación que empobrecerá a la persona y a la institución. Por eso, la virtud implica y depende de la libertad. A nadie se le pude forzar ser virtuoso, sino que después de proponérselo, cada persona es la que decide interiormente. En efecto, “el hombre virtuoso es el que practica libremente el bien”[2]. Y el Papa Benedicto XVI ha indicado que “la libertad del hombre siempre es nueva y, por tanto, cada persona y cada generación debe tomar de nuevo, personalmente, sus decisiones. Ni siquiera los valores más grandes del pasado pueden heredarse simplemente; tienen que ser asumidos y renovados a través de una opción personal”[3]. Por lo tanto se deben buscar los medios que estimulen y lleven a la persona a decidirse por cultivar la virtud. San Gregorio de Nisa, del siglo IV, afirmó “de algún modo somos padres de nosotros mismos … al darnos libremente la forma que queremos … en consideración de la virtud o del vicio”[4].

 

Texto escrito por el Capellán de la Escuela Militar, Mayor Claudio Verdugo Cavieres.

 


[1]Catecismo de la Iglesia Católica,  n° 1804.

[2]Ibid.

[3]BENEDICTO XVI, Mensaje a la Diócesis de Roma sobre la urgente tarea de la educación del 21 de enero del 2008.

[4]SAN GREGORIO DE NISA, Vida de Moisés II,3.

 

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